ZENIT - El mundo visto desde Roma

  • La Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona. (Misericordiae Vultus. Papa Francisco)

  • La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. (Misericordiae Vultus. Papa Francisco)

  • «Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores» (Mt 9, 13)

martes, 17 de enero de 2017

Del 20 al 22 de enero tendrá lugar en Madrid el XXXVI Encuentro de rectores y formadores del seminario menor, organizado por la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades. Durante estos tres días se desarrollarán distintas ponencias en las que se irán presentado los distintos retos a los que se enfrenta hoy la formación intelectual en los seminarios menores.
Del 24  al  28  de febrero tendrá lugar una nueva peregrinación de jóvenes españoles al Santuario de Fátima. En esta ocasión adquiere  una tonalidad especial, por cuanto  se hace en el centenario  de las apariciones de la Virgen. Todos aquellos jóvenes que quieran participar habrán de  ponerse en  contacto con la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil.
Fuente: Pobo de Deus, Nº 786
Foto: depasxuventude.com
El 14 y el 28 de  enero tienen lugar dos nuevas sesiones de  la asamblea sinodal, ya en la fase  de aprobar o rechazar las enmiendas presentadas al instrumentum laboris.  No  dejemos  de pedir la luz  del  Espíritu Santo y la intercesión del apóstol Santiago para que los trabajos sinodales den fruto abundante en  la renovación de  los corazones y las estructuras de nuestra Diócesis.
Fuente: Pobo de Deus, Nº 786
En el corazón de Europa: Ruta del Sagrado Corazón de Jesús.
pastoralsantiago.es
La Subcomisión Episcopal de Catequesis, dentro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, convoca a los delegados diocesanos a un encuentro que tendrá lugar en Madrid del 13 al 15 de febrero. El tema general de estas jornadas anuales será “El proceso de conversión en los itinerarios de iniciación cristiana“.

Además de distintas ponencias, se ha programado una comunicación sobre la catequesis para personas con discapacidad. También se presentará la experiencia sobre catequesis aplicada a grupos de inclusión que se está llevando a cabo en Valencia.

Organiza: Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis. Subcomisión Episcopal de Catequesis
Fecha: del 13 al 15 de febrero de 2017
Lugar de celebración: Conferencia Episcopal Española
pastoralsantiago.es
La Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, convoca a los vicarios y delegados de enseñanza a un encuentro que tendrá lugar en Madrid del 2 al 4 de febrero. El tema general de estas jornadas será “Retos actuales para la educación religiosa”. 

Se han programado distintas ponencias sobre este asunto. Entre ellas, “Educación y dimensión religiosa”. También se visualizará una presentación 3D sobre una iniciativa para el diálogo ciencia-fe titulada “El origen del universo”.

Organiza: Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.
Fecha: del 2 al 4 de febrero de 2017
Lugar de celebración: Conferencia Episcopal Española
pastoralsantiago.es
La Conferencia Episcopal Española presentaba el pasado mes de noviembre el portal de donativos en internet: donoamiiglesia.es. Este portal permite, con un sencillo procedimiento, hacer llegar los donativos a cada una de las 23.000 parroquias que existen en España, a las diócesis o bien directamente a la Conferencia Episcopal. Con este nuevo cauce se pretende facilitar la posibilidad de donar a la Iglesia a través de las tecnologías y de los nuevos dispositivos de comunicación.

La Agencia SIC  ha publicado en su canal oficial de YouTube un sencillo vídeo tutorial orientado a los usuarios del portal donoamiiglesia.es, que se  ha construido bajo los criterios de sencillez en el uso y seguridad de las donaciones.  Además, está vinculado al otro portal dedicado al sostenimiento de la Iglesia católica en España www.portantos.es.
pastoralsantiago.es
“Hemos mandado a todas las parroquias los materiales para esta campaña, para que los niños puedan preparar y vivir la Jornada de la Infancia Misionera”, afirma David Álvarez, responsable en la Archidiócesis compostelana de las Obras Misionales Pontificias (OMP). David Álvarez explica que, entre los materiales, destaca la “Hucha del Compartir”, una actividad manual consistente en construir una hucha de cartón o papel destinada a recibir las pequeñas aportaciones de los niños. En la pasada campaña, los niños de nuestra diócesis lograron reunir 146 mil euros en esta Jornada de la Infancia Misionera que se celebrará el próximo domingo día 22 de enero. Los niños de Infancia Misionera, con sus oraciones y pequeños ahorros, ayudan a otros niños del planeta que pasan necesidad. Gracias a la generosidad de los niños de todo el mundo -reunidos en el Fondo Universal de Solidaridad de la Obra de Infancia Misionera-, en 2015 se enviaron 16.939.649,13€,  para  sostener 2.795 proyectos de ayuda a la Infancia de los territorios de misión. “Es importante”, dice David Álvarez, “que los niños ayuden a los niños”.

viernes, 13 de enero de 2017

Congreso Internacional del Órgano Hispano

Entres los días 16 y 19 de marzo del presente año, la Asociación del Órgano Hispano (AOH) en colaboración con el Departamento de Música Sacra de la Archidiócesis de Santiago organiza el VII Congreso Internacional del Órgano Hispano en Santiago de Compostela.

En el marco de este acontecimiento se presentará en la jornada inaugural el Catálogo que lleva por título: El órgano en la Archidiócesis de Santiago, fruto de una ardua tarea de inventariado y catalogación de los órganos existentes en el territorio de la Archidiócesis de Santiago de Compostela, ya sean de titularidad eclesiástica, pública o privada.

Además, con motivo de esta efeméride inauguraremos en estos días el Ciclo de órgano Cantantibus organis, el cual esperamos prolongar durante años, no solo en la ciudad de Santiago sino en toda la Archidiócesis. 
“El día 22 de enero, apenas celebrada la Navidad, la Iglesia nos presenta la Jornada de la Infancia Misionera con el lema: “Sígueme”. El año pasado os hablaba de la necesidad de agradecer todo lo que estamos recibiendo de parte de Dios y de los demás. Este año se nos llama a seguir a Jesús”. Así se dirige el arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, a los niños de la Archidiócesis en una carta pastoral, en la que les anima “a ser misioneros, ahora desde vuestras parroquias, para darlo a conocer, a ser sus amigos y a seguirle. Quien ha conocido a Jesús siente la necesidad de comunicar su amor. Jesús sigue buscando misioneros que le sigan”.
San Hilario de Poitiers
Organizó la resistencia de los obispos católicos de Francia contra la presión de los arrianos
San Agustín dice de él: "es un ilustre Doctor de nuestra Santa Iglesia". Y San Jerónimo lo llama: "Hombre de gran elocuencia; trompeta de Dios para alertar a la verdadera religión contra la herejía" y añade "San Cipriano y San Hilario son dos inmensos cedros que Dios trasplantó del mundo hacia su Iglesia".

Nació en Poitiers (Francia) en el año 315, de familia pagana que le proporcionó una esmerada educación. Hizo sus estudios en su ciudad y en Roma y Grecia durante diez años. Se ejercitó en la poesía, aprendió elocuencia y estudió mucho la filosofía de Platón.
Mucho se habla de Siria y Oriente Medio. Mucho se habla del ISIS y el terrorismo islámico… sin embargo el mayor crecimiento de la persecución religiosa en el mundo se está dando en el sur y sureste de Asia: India, Bangladesh, Laos, Bután y Vietnam.

La prestigiosa organización evangelista dedicada a defender a los cristianos perseguidos Puertas Abiertas acaba de publicar la “Lista Mundial de la Persecución 2017” y en su informe alerta del crecimiento “a pasos de gigante” de la persecución en el Sureste Asiático e India.
Para saber quién soy tengo que sentirme amado. El amor es como un espejo. Me devuelve mi verdadera imagen. El saberme amado me hace valorarme en lo que soy y descubrirme en mi propia originalidad.

Cuando no me aman, busco reconocimiento, imitar a otros. Tiendo a compararme. Me desvalorizo, o vivo superficialmente sin preguntarme por el sentido de mi vida. El sentido único. ¿Quién soy yo? ¿Para qué me ha creado Dios?

Quizás estén siempre unidos mi identidad y mi misión. Mi nombre y mi forma particular de darme. Llevo grabada esa pregunta dentro del alma. ¿Quién soy yo distinto a los demás?
Muchas personas sienten que el peso del trabajo, problemas familiares, económicos, legalidad, desempleo, etc., los ahogan y no encuentran salida por ninguna parte (incluso siendo cristianos practicantes); sienten que no pueden con todo esto y más cuando les vienen más de 2 o 3 problemas de esos juntos. Esto puede sucederle a cualquiera de nosotros en algún momento de nuestra vida.

Para los planes de Dios sobre cada uno de nosotros no existen respuestas teológicas concretas. No sé qué pueda querer Dios de usted, ni hasta dónde lo probará con el infortunio.
Los Salesianos en España han lanzado su campaña vocacional de 2017 bajo el lema “Mi Vida: #MensajeDirecto” con la que, afirman, buscan jóvenes que como Don Bosco, dejen “su huella en la historia”.

El mes de enero la familia Salesiana lo dedica a Don Bosco, su fundador, a través de actividades religiosas, deportivas, culturales y también a la campaña vocacional, para ayudar a los jóvenes a pensar sobre el sentido que quieren en su vida.
Desde principios de este año Cathopic está presente en Internet desde principios de año como un nuevo recurso gráfico de fotografías católicas de calidad profesional y totalmente gratuitas.

La página permite un doble uso.

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El Papa Francisco ha celebrado este jueves la Eucaristía en Santa Marta y durante su homilía ha querido centrar su intervención sobre todo en dos términos: “hoy” y “corazón”. Según explicó el Pontífice, el hoy del que habla el Espíritu Santo en el pasaje de la Carta a los Hebreos de la liturgia del día, es “nuestra vida”, un hoy “lleno de días” pero después del cual no habrá un replay, un mañana”, “un hoy en el cual nosotros hemos recibido el amor de Dios”.

Un hoy –ha explicado el Papa– en el cual podemos renovar nuestra alianza con la fidelidad de Dios. Pero hay un solo hoy en nuestra vida, y la tentación es decir “sí, lo haré mañana”, ha advertido.

jueves, 12 de enero de 2017

El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, asegura en una carta pastoral en el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos que “en este año 2017 recordamos el 500 aniversario en que Martín Lutero hizo públicas sus propuestas “reformistas”, acontecimiento que marcó el movimiento de la Reforma Protestante con su repercusión en la vida de la Iglesia occidental”. Como se sabe, la Semana de oración por la unidad de los cristianos se celebra del 18 al 25 de enero. En la carta pastoral de monseñor Barrio se puede leer que “estamos en camino hacia la unidad que es don y tarea. Sin duda está más cerca. La esperanza y la confianza han de fortalecer nuestra paciencia”. El arzobispo de Santiago recuerda que “en esta perspectiva ecuménica, 2017 podría representar una oportunidad para los cristianos tanto evangélicos como católicos. Deberíamos aprovecharla. Esto haría mucho bien a las dos Iglesias, al igual que a numerosas personas que lo esperan e incluso al mundo, que especialmente hoy necesita nuestro testimonio común”.
“En este año pasado han desaparecido más de diez mil niños refugiados. Esta realidad nos plantea, entre otros, dos grandes retos: cómo afrontar la acogida de estos menores vulnerables y sin voz, y cómo favorecer la convivencia humana”. Así se lee en la carta pastoral que el arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, acaba de hacer pública ante la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, que tendrá lugar este próximo domingo día 15 de enero. La reflexión del arzobispo se dirige especialmente sobre los menores, a fin de examinar “cómo los estamos acogiendo”. En la carta, monseñor Barrio recuerda que “no podemos vivir al margen de la misericordia que se concreta en las obras tanto materiales como espirituales. Este convencimiento requiere no sólo una acción positiva desde el compromiso personal sino también desde el compromiso político en la afirmación de los derechos de los migrantes sobre todo de los más vulnerables y sin voz”.
Solo un 29,6% de los matrimonios celebrados en España en 2015 fueron católicos. Son datos del Movimiento Natural de la Población, un informe publicado este martes por el Instituto Nacional de Estadística.

Esta nueva cifra de los enlaces religiosos solemnizados el año pasado en el país contrasta con la de 2001, fecha en la que un 73,1% de las bodas eran católicas. La caída experimentada en estos 14 años viene a ser 43,5 puntos.

En números brutos, de las 165.172 parejas que optaron por casarse en 2015, 115.141 lo hicieron por lo civil, mientras que 50.031 optaron por formalizar su unión mediante el rito católico. Hace 14 años el patrón era justamente el opuesto, ya que en 2001 se celebraron 152.067 bodas católicas. Esa tendencia a la baja ya lo había hacerse sentir en el 2005, año en que la cifra de uniones religiosas ya había caído a casi la mitad, a 79.130 casamientos.
San Bernardo de Corleone, religioso
Admirable por su caridad y eximio por su penitencia.
Bernardo, en el siglo Filippo, religioso profeso capuchino, fue un joven irascible y violento, que a la vez se sentía comprometido con los pobres y los oprimidos. Arrepentido de la violencia ejercida en cierta ocasión, ingresó a la edad de 27 años en religión, donde se dedicó al ejercicio de tareas domésticas, mientras vivía cada vez con mayor intensidad en penitencia y alta contemplación. Murió en Palermo. Fue beatificado por Clemente XIII el 15 de mayo de 1768, y canonizado por Juan Pablo II el 10 de junio del 2001.

Filippo Latini, que así se llamaba de seglar nuestro santo, nació en Corleone (Sicilia, Italia), el 6 de febrero de 1605. De joven ejerció el oficio de zapatero.
El Ministerio de relaciones religiosas de la región autónoma del Kurdistán en Irak, zona que ha dado de cobijo a miles de refugiados cristianos, ha realizado un informe que detalla los daños provocados por Estado Islámico en Mosul y la llanura de Nínive durante el tiempo que estuvo bajo su control.

Según los datos facilitados, al menos 100 lugares de culto han sido destruidos por los yihadistas, siendo la inmensa mayoría de los templos cristianos.
"Cada vez que la sociedad ha expulsado lo divino, lo hemos visto volver con la forma de dioses poco simpáticos: todos pedían un sacrificio humano". Con esta advertencia, el profesor Rémi Brague, filósofo francés ganador del Premio Ratzinger 2012, sintetizó lo que considera ser el origen de la derrota del proyecto moderno. Fue en un reciente congreso en Londres sobre La crisis de la libertad en Occidente promovido por el Instituto Acton para el estudio de la religión y de la libertad junto a la Universidad Saint Mary de Londres y el Centro Benedicto XVI para religión y sociedad.
Don Marcello Cozzi es un sacerdote italiano que se ha adentrado en el escabroso mundo de la mafia denunciando sus prácticas pero mostrando que Dios también actúa allí. Muestra de ello son los mafiosos y asesinos que con cientos de asesinatos a sus espaldas se han arrepentido y han podido convertirse. Este sacerdote ve en ellos el “rostro de Caín”, asesinos de inocentes pero para los que también ha sido enviada la misericordia de Dios.

Para ello, este cura publicó un libro en el que habla con algunos de estos mafiosos arrepentidos y uno de ellos es el que fuera uno de los más sanguinarios sicarios de la Cosa Nostra, Gaspare Spatuzza.
“Si ponemos la esperanza en los ídolos, se termina siendo como ellos: imágenes vacías con manos que no tocan, pies que no caminan, bocas que no pueden hablar. No se tiene nada más que decir, se es incapaz de ayudar, cambiar las cosas, incapaces de sonreír, donarse, incapaces de amar”, con estas palabras el Papa Francisco explicó en la Audiencia General del segundo miércoles de enero (día 11), el significado de la esperanza cristiana en contraposición de los ídolos.

miércoles, 11 de enero de 2017

En su primera edición del 2017 el Vídeo del Papa Francisco de enero busca motivar a los creyentes a trabajar juntos al servicio de la humanidad necesitada.

En el mundo actual, muchos cristianos de diversas iglesias trabajan juntos al servicio de la humanidad necesitada, para la defensa de la vida humana y de su dignidad, de la creación y contra las injusticias. Este deseo de caminar juntos, de colaborar en el servicio y en la solidaridad con los más débiles y los que sufren, es un motivo de alegría para todos. Uní tu voz a la mía para pedir por todos los que contribuyan con la oración y la caridad fraterna a restablecer la plena comunión eclesial al servicio de los desafíos de la humanidad.

El Vídeo del Papa llega así a su edición número 13 y con ella da comienzo a la segunda temporada de vídeos mensuales por los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.

Las intenciones son confiadas mensualmente a la Red Mundial de Oración del Papa con el objetivo de difundir y concienciar sobre la imperiosa necesidad de orar y actuar por ellas. El Vídeo del Papa lleva casi 13 millones de visualizaciones, en sus redes propias, desde que inició en enero de 2016 y está cerca de los 4 mil artículos en la prensa global en más de 10 idiomas.
AgenciaSIC
El 15 de enero se celebra la Jornada Mundial del emigrante y del refugiado con el lema, “Menores migrantes vulnerables y sin voz. Reto y esperanza”. Un lema con el papa Francisco nos invita a fijar nuestra mirada en los niños migrantes porque “son menores, extranjeros e indefensos… Ellos quienes más sufren las graves consecuencias de la emigración, casi siempre causada por la violencia, la miseria y las condiciones ambientales, factores a los que hay que añadir la globalización en sus aspectos negativos.”

martes, 10 de enero de 2017

San Gregorio de Nisa
Hermano de san Basilio, le ayudó en sus luchas y en sus escritos, los griegos lo llaman "el teólogo"
La fecha del nacimiento de san Gregorio de Nisa no se puede afirmar con precisión, pero debió situarse entre los años 331 a 335.

Por linea paterna descendía de una familia de antigua raigambre cristiana, originaria del Ponto, que había sufrido persecución por confesar la fe; y por línea materna, de una familia de Capadocia que destacaba en la vida militar y civil. Tres de sus hermanos—Macrina, Basilio (llamado el Grande) y Pedro—son venerados como santos por la Iglesia.
Enero 2017. El Video del Papa: Todos los cristianos tenemos la oportunidad de empezar el año ayudando al Papa a hacer frente a los desafíos de la humanidad con nuestra oración y nuestra caridad.

“En el mundo actual, muchos cristianos de diversas iglesias y comunidades trabajan juntos al servicio de la humanidad necesitada, para la defensa de la vida humana y de su dignidad, de la creación y contra las injusticias.

Este deseo de caminar juntos, de colaborar en el servicio y en la solidaridad con los débiles y los que sufren es un motivo de alegría para todos.

Uní tu voz a la mía para pedir por todos los cristianos, para que contribuyan con la oración y la caridad fraterna a restablecer la plena comunión eclesial al servicio de los desafíos de la humanidad.”

Por la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración – http://www.popesprayer.net).

Si quieres ver más videos sobre las intenciones del Papa los encontrarás en http://www.elvideodelpapa.org
Aleteia
El Papa Francisco pidió hoy a los líderes religiosos y políticos de detener la “locura homicida” del fundamentalismo “en nombre de Dios” y abogó para que se ocupen de la “miseria espiritual”, la “pobreza social” y “la libertad religiosa”.

El Pontífice reflexionó sobre la seguridad y la paz en un mundo lacerado por la violencia en la Sala Regia del Palacio Apostólico del Vaticano este 9 de enero de 2017. Lo hizo durante el saludo tradicional de augurio por el nuevo año dirigido al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede.
Así se refirió al terrorismo de “matriz fundamentalista”, que el año pasado “ha segado la vida de numerosas víctimas en todo el mundo: en Afganistán, Bangladesh, Bélgica, Burkina Faso, Egipto, Francia, Alemania, Jordania, Irak, Nigeria, Pakistán, Estados Unidos de América, Túnez y Turquía.

“Hago por tanto un llamamiento a todas las autoridades religiosas para que unidos reafirmen con fuerza que nunca se puede matar en nombre de Dios. El terrorismo fundamentalista es fruto de una grave miseria espiritual, vinculada también a menudo a una considerable pobreza social”, subrayó Francisco.

Asimismo, se mostró convencido de que el fundamentalismo “sólo podrá ser plenamente vencido con la acción común de los líderes religiosos y políticos”.

A los religiosos – añadió – “les corresponde la tarea de transmitir aquellos valores religiosos que no admiten una contraposición entre el temor de Dios y el amor por el prójimo”.

Y a los políticos “les corresponde garantizar en el espacio público el derecho a la libertad religiosa, reconociendo la aportación positiva y constructiva que ésta comporta para la edificación de la sociedad civil”.

Mientras en varios países el nacionalismo, la intolerancia y el miedo a la diversidad crean consenso político y recaudo de votos, el Pontífice invitó a quien gobierna de “evitar que se den las condiciones favorables para la propagación de los fundamentalismos”.

“Eso requiere – prosiguió – adecuadas políticas sociales que combatan la pobreza, y que requieren de una sincera valorización de la familia, como lugar privilegiado de la maduración humana, y de abundantes esfuerzos en el ámbito educativo y cultural”.

En este sentido, aplaudió la iniciativa del Consejo de Europa sobre la dimensión religiosa del diálogo intercultural, que el año pasado se ha centrado en el papel de la educación en la prevención de la radicalización, que conduce al terrorismo y al extremismo violento.

Francisco insistió que en una “sociedad multicultural”, la autoridad política no sólo debe garantizar la seguridad de sus propios ciudadanos, sino que también está llamada a ser verdadera promotora y constructora de paz”.

Precisamente al principio de la pacificación social, Francisco ha dedicado el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2017, titulado: «La no violencia: un estilo de política para la paz”. Ahí, recuerda sobre todo “cómo la no violencia es un estilo político basado en la primacía del derecho y de la dignidad de toda persona”.

“En esa línea, manifiesto la viva convicción de que toda expresión religiosa está llamada a promover la paz”. Lo dijo el Papa que participó este año a varios inicitivas por la paz relacionadas con la religion y el encuentro con otros lideres espirituales.

En este sentido, el encuentro con los líderes religiosos en la Jornada Mundial de Oración por la Paz, que se celebró en Asís el pasado mes de septiembre, durante la cual los representantes de las diversas religiones se han reunido para “dar voz a los que sufren, a los que no tienen voz y no son escuchados, así como en su visita al Templo Mayor de Roma o a la Mezquita de Bakú.

“Sabemos que se ha cometido violencia por razones religiosas, comenzando precisamente por Europa, donde las divisiones históricas entre cristianos han durado mucho tiempo”, dijo al mismo tiempo que recordó su reciente viaje a Suecia, donde exhortó a sanar “las heridas del pasado y de caminar juntos hacia metas comunes”.

“Es un dialogo posible y necesario, como he tratado de atestiguar en el encuentro que he tenido en Cuba con el Patriarca Cirilo de Moscú, así como en los viajes apostólicos a Armenia, Georgia y Azerbaiyán, donde he percibido la aspiración de aquellos pueblos a solucionar los conflictos que desde hace años perjudican la concordia y la paz”, añadió.

La religión para la construcción del bien común
Al mismo tiempo, instó a no olvidar las muchas iniciativas, inspiradas en la religión, que contribuyen, incluso a menudo con el sacrificio de los mártires, a la construcción del bien común por medio de la educación y la asistencia, sobre todo en las regiones más desfavorecidas y en las zonas de conflicto.

“Tales obras contribuyen a la paz y dan testimonio concreto de que, cuando se coloca en el centro de la propia actividad la dignidad de la persona humana, es posible vivir y trabajar juntos, a pesar de pertenecer a pueblos, culturas y tradiciones diferentes”.

Francisco se mostró consciente de que todavía hoy, la religión puede “ser utilizada a veces como pretexto para cerrazones, marginaciones y violencias”.

Gestos viles del terrorismo
Específicamente, condenó los “gestos viles” como el uso de “niños para asesinar, como en Nigeria; o los que “toman como objetivo a quien reza, como en la Catedral copta de El Cairo, a quien viaja o trabaja, como en Bruselas, a quien pasea por las calles de la ciudad, como en Niza o en Berlín, o sencillamente celebra la llegada del año nuevo, como en Estambul”.

Se trata de una locura homicida que usa el nombre de Dios para sembrar muerte, intentando afirmar una voluntad de dominio y de poder.

Hago por tanto un llamamiento a todas las autoridades religiosas para que unidos reafirmen con fuerza que nunca se puede matar en nombre de Dios. El terrorismo fundamentalista es fruto de una grave miseria espiritual, vinculada también a menudo a una considerable pobreza social”.

En un contexto general, cuando se cumplirá este año 100 años de la I Guerra Mundial, las personas aún hoy se sienten abrumadas “por las imágenes de muerte, por el  dolor de los inocentes que imploran ayuda y consuelo, por el luto del que llora un ser querido a causa del odio y de la violencia, por el drama de los refugiados que escapan de la guerra o de los emigrantes que perecen trágicamente”, indicó.

Por ello, indujo a que la no violencia sea un estilo para la política de la paz.

La bomba atómica y la península coreana
Igualmente, manifestó que se requiere mayores esfuerzos para “erradicar el despreciable tráfico de armas y la continua carrera para producir y distribuir armas cada vez más sofisticadas”.

Entretanto, declaró su “gran desconcierto” por “las pruebas llevadas a cabo en la Península coreana, que desestabilizan a la región y plantean a la comunidad internacional unos inquietantes interrogantes acerca del riesgo de una nueva carrera de armamentos nucleares”.

Francisco, como san Juan XXIII en la Pacem in terris pidió que “cese ya la carrera de armamentos; que, de un lado y de otro, las naciones que los poseen los reduzcan simultáneamente; que se prohíban las armas atómicas”
 Mercado de las armas
También por lo que respecta a las armas convencionales, señaló que “la facilidad con la que a menudo se puede acceder al mercado de las armas, incluso las de pequeño calibre, además de agravar la situación en las diversas zonas de conflicto, produce una sensación muy extendida y generalizada de inseguridad y temor”.
Ideología
En este clima de incertidumbre social, Bergoglio también denuncia el florecer de la ideología, “que se sirve de los problemas sociales para fomentar el desprecio y el odio”.
Ideología que pone al “al otro como un enemigo que hay que destruir” y “es enemiga de la paz”.

“Desafortunadamente, nuevas formas de ideología aparecen constantemente en el horizonte de la humanidad. Haciéndose pasar por portadoras de beneficios para el pueblo, dejan en cambio detrás de sí pobreza, divisiones, tensiones sociales, sufrimiento y con frecuencia incluso la muerte”, abundó.

La misericordia y la solidaridad mueven el compromiso diplomático de la Santa Sede y la Iglesia, destacó.

“La paz, sin embargo, se conquista con la solidaridad. De ella brota la voluntad de diálogo y de colaboración, del que la diplomacia es un instrumento fundamental”, añadió.

Colombia y Venezuela
Bergoglio asimismo miró con esperanza los esfuerzos realizados en los últimos dos años para un nuevo acercamiento “entre Cuba y los Estados Unidos”.

También citó “el esfuerzo llevado a cabo con tenacidad, a pesar de las dificultades, para terminar con años de conflicto en Colombia”.

“Caminos de diálogo” y “gestos valientes” también son “urgentes en la vecina Venezuela”, donde “las consecuencias de la crisis política, social y económica, están pesando desde hace tiempo sobre la población civil”.

 Finalmente, destacó ante los embajadores que “la paz es un don, un desafío y un compromiso. Un don porque brota del corazón de Dios;un desafío, porque es un bien que no se da nunca por descontado y debe ser conquistado continuamente;un compromiso, ya que requiere el trabajo apasionado de toda persona de buena voluntad para buscarla y construirla”.

El Pontífice espera para este nuevo año que crezcan las oportunidades para trabajar junto a los 182 estados que mantienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede para “poner fin a los conflictos abiertos y para dar apoyo y esperanza a las poblaciones que sufren”.

Texto completo: 
DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
AL CUERPO DIPLOMÁTICO ACREDITADO ANTE LA SANTA SEDE     
Excelencias, estimados Embajadores, Señoras y Señores:
Les doy la bienvenida y les agradezco su presencia tan numerosa y fiel a esta cita tradicional, que nos permite manifestar recíprocamente el deseo de que el año apenas iniciado sea para todos un tiempo de alegría, de prosperidad y de paz. Me dirijo con un sentimiento de especial reconocimiento al Decano del Cuerpo Diplomático, el Excelentísimo Señor Armindo Fernandes do Espírito Santo Vieira, Embajador de Angola, por las deferentes palabras que me ha dirigido en nombre de todo el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, que ha aumentado recientemente con el establecimiento de las relaciones diplomáticas con la República Islámica de Mauritania, hace apenas un mes. Deseo igualmente agradecer a los numerosos Embajadores residentes en la Urbe, cuyo número ha aumentado a lo largo del último año, así como a los Embajadores no residentes, que con su presencia en el día de hoy pretenden subrayar los vínculos de amistad que unen a sus pueblos con la Santa Sede. Igualmente, quiero dirigir de modo especial un mensaje de pésame al Embajador de Malasia, recordando a su predecesor, Dato’ Mohd Zulkephli Bin Mohd Noor, fallecido el pasado mes de febrero.

Durante el año transcurrido, las relaciones entre sus Países y la Santa Sede han tenido ocasión de profundizarse aún más gracias a las cordiales visitas de numerosos Jefes de Estado y de Gobierno, a veces en concomitancia con los diversos encuentros que han marcado el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, recientemente concluido. Han sido también varios los Acuerdos bilaterales firmados o ratificados, unos de carácter general, dirigidos a reconocer el estatuto jurídico de la Iglesia con la República Democrática del Congo, la República Centroafricana, Benín y con Timor Oriental; otros de carácter más específico, como el Avenant firmado con Francia, o la Convención en materia fiscal con la República Italiana, que ha entrado recientemente en vigor, a los que hay que añadir el Memorandum de Acuerdo entre la Secretaría de Estado y el Gobierno de los Emiratos Árabes Unidos. Además, en línea con el compromiso de la Santa Sede de cumplir con las obligaciones asumidas en los acuerdos subscritos, se ha dado también la plena actuación al Comprehensive Agreement con el Estado de Palestina, que entró en vigor hace un año.

Estimados Embajadores.
Hace un siglo, el mundo se encontraba en medio del primer conflicto mundial. Una inútil matanza,[1] en la que las nuevas técnicas de combate sembraban muerte y causaban enormes sufrimientos a una población civil inerme. En 1917, el rostro del conflicto cambió profundamente, adquiriendo una fisonomía cada vez más mundial mientras surgían en el horizonte aquellos regímenes totalitarios que durante mucho tiempo fueron causa de lacerantes divisiones. Cien años después, muchas zonas del mundo pueden decir que se han beneficiado de prolongados períodos de paz, que han favorecido unas oportunidades de desarrollo económico y formas de bienestar sin precedentes. Si hoy para muchos la paz les parece de alguna manera un bien que se da por descontado, casi un derecho adquirido al que no se le presta demasiada atención, para demasiadas personas esa paz es todavía una simple ilusión lejana. Millones de personas viven hoy en medio de conflictos insensatos. Incluso en aquellos lugares que en otro tiempo se consideraban seguros se advierte un sentimiento general de miedo. Con frecuencia nos sentimos abrumados por las imágenes de muerte, por el  dolor de los inocentes que imploran ayuda y consuelo, por el luto del que llora un ser querido a causa del odio y de la violencia, por el drama de los refugiados que escapan de la guerra o de los emigrantes que perecen trágicamente.

Por eso quisiera dedicar el encuentro de hoy al tema de la seguridad y de la paz, porque en el clima general de preocupación por el presente y de incertidumbre y angustia por el futuro, en el que nos encontramos inmersos, considero importante dirigir una palabra de esperanza, que nos señale también un posible camino para recorrer.

Hace tan sólo unos días hemos celebrado la 50 Jornada Mundial de la Paz, instituida por mi predecesor el beato Pablo VI, «como presagio y como promesa, al principio del calendario que mide y describe el camino de la vida en el tiempo, de que sea la Paz con su justo y benéfico equilibrio la que domine el desarrollo de la historia futura».[2] Para los cristianos, la paz es un don del Señor, aclamada y cantada por los ángeles en el momento del nacimiento de Cristo: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad» (Lc 2,14). Es un bien positivo, «el fruto del orden asignado a la sociedad humana»[3] por Dios y «no es la mera ausencia de la guerra».[4] No se «reduce sólo al establecimiento de un equilibrio de las fuerzas adversarias»,[5] sino que más bien exige el compromiso de personas de buena voluntad «sedientos de una justicia más perfecta».[6]

En esa línea, manifiesto la viva convicción de que toda expresión religiosa está llamada a promover la paz. Lo he podido experimentar de manera significativa en la Jornada Mundial de Oración por la Paz, que se celebró en Asís el pasado mes de septiembre, durante la cual los representantes de las diversas religiones se han encontrado para «dar voz a los que sufren, a los que no tienen voz y no son escuchados»,[7] así como en mi visita al Templo Mayor de Roma o a la Mezquita de Bakú.

Sabemos que se ha cometido violencia por razones religiosas, comenzando precisamente por Europa, donde las divisiones históricas entre cristianos han durado mucho tiempo. En mi reciente viaje a Suecia, quise recordar que tenemos una urgente necesidad de sanar las heridas del pasado y de caminar juntos hacia metas comunes. En la base de ese camino ha de estar el diálogo auténtico entre las diversas confesiones religiosas. Es un dialogo posible y necesario, como he tratado de atestiguar en el encuentro que he tenido en Cuba con el Patriarca Cirilo de Moscú, así como en los viajes apostólicos a Armenia, Georgia y Azerbaiyán, donde he percibido la aspiración de aquellos pueblos a solucionar los conflictos que desde hace años perjudican la concordia y la paz.

Al mismo tiempo, no debemos olvidar las muchas iniciativas, inspiradas en la religión, que contribuyen, incluso a menudo con el sacrificio de los mártires, a la construcción del bien común por medio de la educación y la asistencia, sobre todo en las regiones más desfavorecidas y en las zonas de conflicto. Tales obras contribuyen a la paz y dan testimonio concreto de que, cuando se coloca en el centro de la propia actividad la dignidad de la persona humana, es posible vivir y trabajar juntos, a pesar de pertenecer a pueblos, culturas y tradiciones diferentes.

Desgraciadamente, somos conscientes de que todavía hoy, la experiencia religiosa, en lugar de abrirnos a los demás, puede ser utilizada a veces como pretexto para cerrazones, marginaciones y violencias. Me refiero en particular al terrorismo de matriz fundamentalista, que en el año pasado ha segado la vida de numerosas víctimas en todo el mundo: en Afganistán, Bangladesh, Bélgica, Burkina Faso, Egipto, Francia, Alemania, Jordania, Irak, Nigeria, Pakistán, Estados Unidos de América, Túnez y Turquía. Son gestos viles, que usan a los niños para asesinar, como en Nigeria; toman como objetivo a quien reza, como en la Catedral copta de El Cairo, a quien viaja o trabaja, como en Bruselas, a quien pasea por las calles de la ciudad, como en Niza o en Berlín, o sencillamente celebra la llegada del año nuevo, como en Estambul.

Se trata de una locura homicida que usa el nombre de Dios para sembrar muerte, intentando afirmar una voluntad de dominio y de poder. Hago por tanto un llamamiento a todas las autoridades religiosas para que unidos reafirmen con fuerza que nunca se puede matar en nombre de Dios. El terrorismo fundamentalista es fruto de una grave miseria espiritual, vinculada también a menudo a una considerable pobreza social. Sólo podrá ser plenamente vencido con la acción común de los líderes religiosos y políticos. A los primeros les corresponde la tarea de transmitir aquellos valores religiosos que no admiten una contraposición entre el temor de Dios y el amor por el prójimo. A los segundos les corresponde garantizar en el espacio público el derecho a la libertad religiosa, reconociendo la aportación positiva y constructiva que ésta comporta para la edificación de la sociedad civil, en donde la pertenencia social, sancionada por el principio de ciudadanía, y la dimensión espiritual de la vida no pueden ser concebidas como contrarias. A quien gobierna le corresponde, además, la responsabilidad de evitar que se den las condiciones favorables para la propagación de los fundamentalismos. Eso requiere adecuadas políticas sociales que combatan la pobreza, y que requieren de una sincera valorización de la familia, como lugar privilegiado de la maduración humana, y de abundantes esfuerzos en el ámbito educativo y cultural.

En este sentido, acojo con interés la iniciativa del Consejo de Europa sobre la dimensión religiosa del diálogo intercultural, que el año pasado se ha centrado en el papel de la educación en la prevención de la radicalización, que conduce al terrorismo y al extremismo violento. Se trata de una oportunidad para profundizar en el papel que tiene el fenómeno religioso y la educación en la pacificación real del tejido social, necesaria para la convivencia en una sociedad multicultural.

A este respecto, deseo expresar la convicción de que la autoridad política no sólo debe garantizar la seguridad de sus propios ciudadanos ―concepto que puede ser fácilmente reducido al de un simple «vivir tranquilo»―, sino que también está llamada a ser verdadera promotora y constructora de paz. La paz es una «virtud activa», que requiere el compromiso y la cooperación de cada persona y de todo el cuerpo social en su conjunto. Como advertía el Concilio Vaticano II, «la paz jamás es una cosa del todo hecha, sino un perpetuo quehacer»,[8] salvaguardando el bien de las personas y respetando su dignidad. Construirla requiere en primer lugar renunciar a la violencia en la reivindicación de los propios derechos.[9] Precisamente a este principio he dedicado el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2017, titulado: «La no violencia: un estilo de política para la paz», para recordar sobre todo cómo la no violencia es un estilo político basado en la primacía del derecho y de la dignidad de toda persona.

Construir la paz requiere también que «se desarraiguen las causas de discordia entre los hombres, que son las que alimentan las guerras»,[10] empezando por las injusticias. Existe, de hecho, una íntima relación entre la justicia y la paz.[11] «Pero, ―observaba san Juan Pablo II― puesto que la justicia humana es siempre frágil e imperfecta, expuesta a las limitaciones y a los egoísmos personales y de grupo, debe ejercerse y en cierto modo completarse con el perdón, que cura las heridas y restablece en profundidad las relaciones humanas truncadas (…). El perdón en modo alguno se contrapone a la justicia, [sino] tiende más bien a esa plenitud de la justicia que conduce a la tranquilidad del orden y que (…) pretende una profunda recuperación de las heridas abiertas en las almas. Para esta recuperación, son esenciales ambos, la justicia y el perdón».[12] Estas palabras, hoy más actuales que nunca, se han encontrado con la disponibilidad de algunos Jefes de Estado o de Gobierno para acoger mi invitación a tener un gesto de clemencia a favor de los encarcelados. A ellos, como también a quienes trabajan para crear condiciones de vida digna para los detenidos y favorecer su reinserción en la sociedad, deseo expresarles mi especial reconocimiento y gratitud.

Estoy convencido de que para muchos el Jubileo extraordinario de la Misericordia ha sido una ocasión particularmente propicia para descubrir también la «incidencia importante y positiva de la misericordia como valor social».[13] Cada uno puede contribuir a dar vida a «una cultura de la misericordia, basada en el redescubrimiento del encuentro con los demás: una cultura en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea el sufrimiento de los hermanos».[14] Sólo así se podrán construir sociedades abiertas y hospitalarias para los extranjeros y, al mismo tiempo, seguras y pacíficas internamente. Esto es aún más necesario hoy en día en que siguen aumentando, en diferentes partes del mundo, los grandes flujos migratorios. Pienso sobre todo en los numerosos refugiados y desplazados en algunas zonas de África, en el Sudeste asiático y en aquellos que huyen de las zonas de conflicto en Oriente Medio.

El año pasado, la comunidad internacional se vio interpelada por dos importantes eventos convocados por las Naciones Unidas: la primera Cumbre Humanitaria Mundial y la Cumbre sobre los grandes Desplazamientos de Refugiados y Migrantes. Es necesario un compromiso común en favor de los inmigrantes, los refugiados y los desplazados, que haga posible el darles una acogida digna. Esto implica saber conjugar el derecho de «cada hombre (…) a emigrar a otros países y fijar allí su domicilio»[15] y, al mismo tiempo, garantizar la posibilidad de una integración de los inmigrantes en los tejidos sociales en los que se insertan, sin que éstos sientan amenazada su seguridad, su identidad cultural y sus propios equilibrios políticos y sociales. Por otra parte, los mismos inmigrantes no deben olvidar que tienen el deber de respetar las leyes, la cultura y las tradiciones de los países que los acogen.

Un enfoque prudente de parte de las autoridades públicas no comporta la aplicación de políticas de clausura hacia los inmigrantes, sino que implica evaluar, con sabiduría y altura de miras, hasta qué punto su país es capaz, sin provocar daños al bien común de sus ciudadanos, de proporcionar a los inmigrantes una vida digna, especialmente a quienes tienen verdadera necesidad de protección. No se puede de ningún modo reducir la actual crisis dramática a un simple recuento numérico. Los inmigrantes son personas con nombres, historias y familias, y no podrá haber nunca verdadera paz mientras quede un solo ser humano al que se le vulnere la propia identidad personal y se le reduzca a una mera cifra estadística o a objeto de interés económico.

El problema de la inmigración es un tema que no puede dejar indiferentes a algunos países mientras que otros sobrellevan, a menudo con un esfuerzo considerable y graves dificultades, el compromiso humanitario de hacer frente a una emergencia que no parece tener fin. Todos deberían sentirse constructores y corresponsables del bien común internacional, incluso a través de gestos concretos de humanidad, que son requisitos fundamentales para la paz y el desarrollo que naciones enteras y millones de personas siguen aún esperando. Por eso, estoy agradecido a todos los países que acogen generosamente a los necesitados, comenzando por algunas naciones europeas, especialmente Italia, Alemania, Grecia y Suecia.

Me quedará grabado para siempre el viaje que hice a la isla de Lesbos, junto a mis hermanos el Patriarca Bartolomé y el Arzobispo Jerónimo, donde vi y toqué con la mano la dramática situación de los campos de refugiados, así como la humanidad y el espíritu de servicio de muchas personas comprometidas en su asistencia. Tampoco se debe olvidar la hospitalidad ofrecida por otros países europeos y de Oriente Medio, como Líbano, Jordania y Turquía, así como el compromiso de diferentes países de África y Asia. También en mi viaje a México, donde pude experimentar la alegría del pueblo mexicano, me sentí cerca de los miles de inmigrantes centroamericanos que sufren terribles injusticias y peligros en su intento de alcanzar un futuro mejor, y que son víctimas de extorsión y objeto de ese despreciable comercio ―horrible forma de esclavitud moderna― que es la trata de personas.

Enemiga de la paz es una «visión reductiva» del hombre, que abre el camino a la propagación de la iniquidad, las desigualdades sociales y la corrupción. Justo con relación a este último fenómeno, la Santa Sede ha asumido nuevos compromisos, depositando formalmente, el 19 de septiembre, el instrumento de adhesión a la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 31 de octubre de 2003.

En la encíclica Populorum Progressio, que este año celebra su cincuenta aniversario, el beato Pablo VI recordó cómo estas desigualdades provocan discordias. «El camino de la paz pasa por el desarrollo»[16] que las autoridades públicas tienen la obligación de estimular y fomentar, creando las condiciones para una distribución más equitativa de los recursos e incentivando oportunidades de trabajo, sobre todo para los más jóvenes. En el mundo hay todavía muchas personas, especialmente niños, que aún sufren por causa de una pobreza endémica y viven en situaciones de inseguridad alimentaria –más bien, de hambre― mientras que los recursos naturales son objeto de la ávida explotación de unos pocos, desperdiciándose cada día enormes cantidades de alimentos.

Los niños y los jóvenes son el futuro, se trabaja y se construye para ellos. No podemos descuidarlos y olvidarlos egoístamente. Por esta razón, como he advertido recientemente en una carta enviada a todos los obispos, considero prioritaria la defensa de los niños, cuya inocencia ha sido frecuentemente rota bajo el peso de la explotación, del trabajo clandestino y esclavo, de la prostitución o de los abusos de los adultos, de los pandilleros y de los mercaderes de muerte.[17] Durante mi viaje a Polonia, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, me encontré con miles de jóvenes llenos de entusiasmo y ganas de vivir. He visto, en cambio, el dolor y el sufrimiento de muchos otros. Pienso en los chicos y chicas que sufren las consecuencias del terrible conflicto en Siria, privados de la alegría de la infancia y de la juventud: desde la posibilidad de jugar libremente a la oportunidad de ir a la escuela. A ellos, y a todo el querido pueblo sirio, dirijo constantemente mi pensamiento, a la vez que hago un llamamiento a la comunidad internacional para que trabaje con diligencia para poner en marcha una seria negociación, que ponga definitivamente fin a un conflicto que está provocando un verdadero desastre humanitario. Cada una de las partes implicadas ha de tener como prioridad el respeto del derecho humanitario internacional, asegurando la protección de la población civil y la necesaria ayuda humanitaria. El deseo común es que la tregua que se ha firmado recientemente sea para todo el pueblo sirio un signo de la esperanza que tanto necesita.

Esto requiere también que se hagan esfuerzos para erradicar el despreciable tráfico de armas y la continua carrera para producir y distribuir armas cada vez más sofisticadas. Causan un gran desconcierto las pruebas llevadas a cabo en la Península coreana, que desestabilizan a la región y plantean a la comunidad internacional unos inquietantes interrogantes acerca del riesgo de una nueva carrera de armamentos nucleares. Siguen siendo actuales las palabras de san Juan XXIII en la Pacem in terris cuando afirmaba que «la recta razón y el sentido de la dignidad humana exigen urgentemente que cese ya la carrera de armamentos; que, de un lado y de otro, las naciones que los poseen los reduzcan simultáneamente; que se prohíban las armas atómicas».[18] En tal sentido, y también en vista de la próxima Conferencia de Desarme, la Santa Sede trabaja por promover una ética de la paz y de la seguridad que supere a la del miedo y de la «cerrazón» que condiciona el debate sobre las armas nucleares.

También por lo que respecta a las armas convencionales, hay que señalar que la facilidad con la que a menudo se puede acceder al mercado de las armas, incluso las de pequeño calibre, además de agravar la situación en las diversas zonas de conflicto, produce una sensación muy extendida y generalizada de inseguridad y temor, que es más peligrosa en los momentos de incertidumbre social y de profunda transformación como el que vivimos.

La ideología, que se sirve de los problemas sociales para fomentar el desprecio y el odio y ve al otro como un enemigo que hay que destruir, es enemiga de la paz. Desafortunadamente, nuevas formas de ideología aparecen constantemente en el horizonte de la humanidad. Haciéndose pasar por portadoras de beneficios para el pueblo, dejan en cambio detrás de sí pobreza, divisiones, tensiones sociales, sufrimiento y con frecuencia incluso la muerte. La paz, sin embargo, se conquista con la solidaridad. De ella brota la voluntad de diálogo y de colaboración, del que la diplomacia es un instrumento fundamental. La misericordia y la solidaridad es lo que mueve a la Santa Sede y a la Iglesia Católica en su compromiso decidido por solucionar los conflictos o seguir los procesos de paz, de reconciliación y la búsqueda de soluciones negociadas a los mismos. Llena de esperanza ver que algunos de los intentos realizados se deben a la buena voluntad de tantas personas diferentes que se empeñan de modo activo y eficaz en favor de la paz. Pienso en los esfuerzos realizados en los últimos dos años para un nuevo acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos. También pienso en el esfuerzo llevado a cabo con tenacidad, a pesar de las dificultades, para terminar con años de conflicto en Colombia.

Este planteamiento busca fomentar la confianza mutua, mantener caminos de diálogo y hacer hincapié en la necesidad de gestos valientes, que son muy urgentes también en la vecina Venezuela, donde las consecuencias de la crisis política, social y económica, están pesando desde hace tiempo sobre la población civil; o en otras partes del mundo, empezando por Oriente Medio, no sólo para poner fin al conflicto sirio, sino también para promover una sociedad plenamente reconciliada en Irak y en Yemen. La Santa Sede renueva también su urgente llamamiento para que se reanude el diálogo entre israelíes y palestinos, para que se alcance una solución estable y duradera que garantice la convivencia pacífica de dos Estados dentro de fronteras reconocidas internacionalmente. Ningún conflicto ha de convertirse en un hábito del que parece que nadie se puede librar. Israelíes y palestinos necesitan la paz. Todo el Oriente Medio necesita con urgencia la paz.

También espero que se cumplan plenamente los acuerdos destinados a restablecer la paz en Libia, donde es más urgente que nunca sanar las divisiones de los últimos años. Del mismo modo, animo todos los esfuerzos que en ámbito local e internacional estén destinados a restaurar la convivencia civil en Sudán y en Sudán del Sur, en la República Centroafricana, atormentados por continuos enfrentamientos armados, masacres y devastaciones, así como en otras naciones del Continente marcadas por tensiones e inestabilidad política y social. En particular, espero que el reciente acuerdo firmado en la República Democrática del Congo contribuya a hacer que los que tienen responsabilidades políticas se esfuercen diligentemente para promover la reconciliación y el diálogo entre todos los miembros de la sociedad civil. Mi pensamiento se dirige también a Myanmar, de modo que se promueva una convivencia pacífica y, con la ayuda de la comunidad internacional, no se deje de atender a aquellos que están en grave y urgente necesidad.

También en Europa, donde no faltan las tensiones, la disponibilidad al diálogo es la única manera de garantizar la seguridad y el desarrollo del Continente. Por tanto, celebro las iniciativas destinadas a promover el proceso de reunificación de Chipre, que hoy precisamente ve una reanudación de las negociaciones, mientras espero que en Ucrania se sigan buscando con determinación soluciones viables para la plena aplicación de los compromisos asumidos por las partes y, sobre todo, para que se le dé una pronta respuesta a una situación humanitaria que sigue siendo grave.

Toda Europa está atravesando un momento decisivo de su historia, en el que está llamada a redescubrir su propia identidad. Para ello es necesario volver a descubrir sus raíces con el fin de plasmar su propio futuro. Frente a las fuerzas disgregadoras, es más urgente que nunca actualizar la «idea de Europa» para dar a luz un nuevo humanismo basado en la capacidad de integrar, de dialogar y de generar,[19] que han hecho grande al así llamado Viejo Continente. El proceso de unificación europea, que comenzó después de la Segunda Guerra Mundial, ha sido y sigue siendo una oportunidad única para la estabilidad, la paz y la solidaridad entre los pueblos. Aquí sólo puedo reiterar el interés y la preocupación de la Santa Sede por Europa y su futuro, consciente de que los valores que han animado y fundado este proyecto, del que este año se cumple el sexagésimo aniversario, son comunes a todo el Continente y se extienden más allá de la misma Unión Europea.

Excelencias, señoras y señores.
Construir la paz significa también trabajar activamente para el cuidado de la Creación. El Acuerdo de París sobre el clima, que ha entrado recientemente en vigor, es un signo importante de nuestro compromiso común por dejar a los que vengan después de nosotros un mundo hermoso y habitable. Espero que los esfuerzos realizados en los últimos tiempos para abordar el cambio climático cuenten con una cooperación más amplia por parte de todos, ya que la Tierra es nuestra casa común, y es necesario tener en cuenta que las decisiones de cada uno repercuten sobre la vida de todos.

Sin embargo, es evidente también que hay fenómenos que sobrepasan la capacidad de la acción humana. Me refiero a los numerosos terremotos que han golpeado a algunas regiones del mundo. Pienso sobre todo en los que se produjeron en Ecuador, Italia e Indonesia, que han provocado numerosas muertes y donde todavía muchas personas viven en condiciones muy precarias. Pude visitar personalmente algunas zonas afectadas por el terremoto en el centro de Italia, donde he comprobado las heridas que el terremoto ha causado en una tierra rica en arte y cultura, he podido compartir el dolor de tanta gente, junto con su valor y determinación para reconstruir todo lo que se ha destruido. Espero que la solidaridad que ha unido al querido pueblo italiano en las horas siguientes al terremoto, siga animando a toda la Nación, especialmente en estos delicados momentos de su historia. La Santa Sede e Italia están particularmente ligadas por obvias razones históricas, culturales y geográficas. Ese vínculo se ha apreciado con claridad en el año jubilar y agradezco a todas las Autoridades italianas por su ayuda en la organización de este evento, también para garantizar la seguridad de los peregrinos que llegaron de todo el mundo.

Estimados Embajadores.
La paz es un don, un desafío y un compromiso. Un don porque brota del corazón de Dios; un desafío, porque es un bien que no se da nunca por descontado y debe ser conquistado continuamente; un compromiso, ya que requiere el trabajo apasionado de toda persona de buena voluntad para buscarla y construirla. No existe, por tanto, la verdadera paz si no se parte de una visión del hombre que sepa promover su desarrollo integral, teniendo en cuenta su dignidad trascendente, ya que «el desarrollo es el nuevo nombre de la paz»,[20] como recordaba el beato Pablo VI. Por tanto, este es mi deseo para el próximo año: que crezcan en nuestros países y sus pueblos las oportunidades para trabajar juntos y construir una paz verdadera. Por su parte, la Santa Sede, y en particular la Secretaría de Estado, estarán siempre dispuestas a cooperar con todos los que trabajan para poner fin a los conflictos abiertos y para dar apoyo y esperanza a las poblaciones que sufren.

En la liturgia pronunciamos el saludo «la paz esté con vosotros». Con esta expresión, prenda de abundantes bendiciones divinas, les renuevo a ustedes, distinguidos miembros del cuerpo diplomático, a sus familias, a los países que representan, mis mejores deseos para el Año Nuevo.
Gracias.

[1] Benedicto XV, Carta a los jefes de los pueblos beligerantes, 1 agosto 1917: AAS IX (1917), 423.
[2] Pablo VI, Mensaje para la celebración de la I Jornada Mundial de la Paz, 1 enero 1968.
[3] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et Spes (GS), 7 diciembre 1965, 78.
[4] Ibíd.
[5] Ibíd.
[6] Ibíd.
[7] Discurso en la Jornada Mundial de Oración por la Paz, Asís, 20 septiembre 2016.
[8] GS, 78.
[9] Cf. Ibíd.
[10] Ibíd., 83.
[11] Cf. Sal  85, 11 e Is 32, 17.
[12] Juan Pablo II, Mensaje para la XXXV Jornada Mundial de la Paz: No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón,1 enero 2002.
[13] Carta apostólica Misericordia et misera, 20 noviembre 2016, 18.
[14] Ibíd., 20.
[15] Juan XXIII, Carta encíclica Pacem in terris, 11 abril 1963, 25.
[16] Pablo VI, Carta Encíclica Populorum Progressio, 26 marzo 1967, 83.
[17] Cf. Carta a los Obispos en la fiesta de los Santos Inocentes, 28 diciembre 2016.
[18] N. 112.
[19] Cf. Discurso en la entrega del Premio Carlo Magno, 6 mayo 2016.
[20] Pablo VI, Populorum Progressio, 87.
Ary Waldir Ramos Díaz
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